LA NACIÓN ES UNA CONSTRUCCIÓN ORIGINAL . Por Ernesto Goldar


El pensamiento nacional es, definitivamente, un pensamiento crítico.

Realiza la crítica de la ideología liberal, como sucedáneo del colonialismo económico y de la vida cultural y política, en un país que todavía no es una nación.

El pensamiento nacional hace la denuncia de los malestares populares: “Las llagas del país” –sentencia Ramón Doll- porque quiere encontrar al país real detrás de las brumas, y devolverle la conciencia.

El pensamiento nacional fustiga las falsificaciones de la historia; así, el revisionismo tiene por objeto establecer la verdad del pasado para hacer verdad la vida presente. José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós y los historiadores revisionistas, enfatizan que “la Historia es prisionera de la política”, y descubren “en muchos héroes, bandidos, y en muchos bandidos, héroes”.

El pensamiento nacional es la oposición a las edificaciones ilusorias, a las fáciles evasiones intelectuales. La crítica de la historia y la crítica de la ideología, no proponen solamente atacar la realidad colonial sino embestir también el espejismo de esa realidad.

Arturo Jauretche explica así la “colonización pedagógica”: son los aparatos ideológicos y culturales tendientes a impedir que los argentinos tengan certezas de la situación de dependencia. Son las distintas maneras de mantenernos indefensos y continuar sumisos y anonadados ante los diversos modos de la ofensiva liberal. El propósito es manipular nuestra incapacidad de respuesta. La “colonización pedagógica” ha sido y continúa siendo la normativa de la ideología liberal.

La “colonización pedagógica” produce, asimismo, al intelectual colonizado, al “ideólogo”, que se fuga del país por falta de correspondencia lógica con la realidad, y desprecia toda constatación del hecho local como fuente de conocimiento, porque lo que le interesa no es la realidad, sino la transferencia, el transplante, y cuando se equivocan –en el caso que lo admitan- los intelectuales de la intelligentza explican que, puntualiza rematadamente Jauretche, “la falla no consistió en no entender la realidad argentina por la observación, sino en no haber leído a tiempo el librito llegado en el último correo”.

El pensamiento nacional critica la sociología, y expresa una sociología nueva, que parte de lo concreto, más allá del dato estadístico y de la asepsia técnica de los formalistas.

La crítica de la alienación ideológica y de la historia falsa, de las mistificaciones y de la historiografía adulterada, el develamiento de la imagen abstracta del país, ideal y retórico, avanza, y no puede ser de otro modo, hacia la crítica de la economía, las veleidades de la economía liberal –la economía real y la economía irreal- (Raúl Scalabrini Ortiz señalaba: “La Argentina visible y la Argentina invisible”) y entonces, la autoconciencia decide aventar el orden seudocientífico de esa disciplina incapacitada, de esa economía ideológica. Frontalmente, el pensamiento nacional decide el enjuiciamiento del capitalismo y del imperialismo.

El pensamiento nacional significa, si aún no bastare, un método de conocimiento. Jauretche opone a la “colonización pedagógica” la idea de “lo nacional como método”. ¿Qué nos quiere decir?. Intenta, en suma, justificar la necesidad imperiosa de un modo de razonar.

Admitidamente, pensar y actuar para la independencia trae consigo razonar de aquí para allá, no de allá para aquí; interpretar al país por dentro, despegar desde lo particular, empezar por lo concreto, principiar por los hechos, inducir y no deducir, “ajustar el traje al cuerpo y no el cuerpo al traje”, partir de la realidad para llegar a la realidad, valorar el momento histórico, y no, de ningún modo, venirse con recetas importadas, con supuestos previos, y andar con las anteojeras de las modas, e insistir en ecuaciones y aforismos que quizás puedan servir o sirvieron para otras coyunturas, o en otras dimensiones. Resumiendo: no transplantar modelos.

l pensamiento nacional es un pensamiento crítico.

El pensamiento nacional es un pensamiento abierto.

Parece evidentemente, en efecto, que el discurso de FORJA y sus pensadores, y de los continuadores, constituye la expresión más acabada de la conciencia censora de la ideología liberal, en la historia, la cultura, la economía, la epistemología, la sociología, la geopolítica, y también en la antropología, la crítica literaria, el cine y el periodismo, y qué decir apropiadamente de las contribuciones al ideario iberoamericano de la Patria Grande, del Tercer Mundo, el socialismo y la teología de la liberación.

Parece evidente, en una palabra, que el mensaje de FORJA proponga el despliegue de la conciencia nacional para recuperar el país, y la posibilidad de reconquistar está precisamente, va de suyo, en la crítica de política, de las instituciones liberales, de sus fantasías y su parafernalia, de sus charlatanes y de la virtualidad opresiva, al fin y al cabo, en la multiplicada tarea de la Argentina libre.

“Donde está el pueblo, está la Nación”.


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