Una estatuilla K no se le niega a nadie -Por Orlando Barone-


"Gracias por tener la cortesía de no haberme designado el periodista alcahuete del año. Supongo que esa distinción le corresponde a alguno de los tantos periodistas antioficialistas, que son alcahuetes del establishment, del enviado de la inseguridad jurídica, de los auspiciantes de la soja transgénica y de los medios hegemónicos. Pero estos son tantos que habría que otorgar más rubros que en los premios Konex y en los Martín Fierro y no alcanzaría la trasnmisión de toda una semana para la entrega de diplomas. Nunca imaginé que mis sarcasmos antigorílicos, antidinosáuricos y anti rentistas gauchescos me llevaran tan alto como para superar a tan insignes compañeros.

Pero por algo será. Acaso mi oficialismo haya tenido la modestísima virtud de ser menos racional e ideológico que juguetón e impertinente. Ya se sabe que para tanta solemnidad del “Grupo Aurora”, del constitucionalismo de probeta, o para tanta solemnidad rabínica, cardenalicia y educativa fascista, no hay antídoto mejor que la respuesta descamisada y desestructurada para sacudirles el yeso. Ser un periodista oficialista hoy tiene el privilegio de gozar de la única libertad de prensa que permite este gobierno. Porque los antioficialistas de los grandes medios preeminentes viven quejándose de que no tienen esa libertad y me conduelo de ellos. Cuántos tendrían deseos de hablar del ADN de los hijos adoptados de la viuda de Noble; cuántos se atragantan por no poder denunciar a Papel Prensa, a la situación de censura gremial que se vive en sus ámbitos, a poder parar un ratito de manipular la información que alude al gobierno y a poder confesar cómo son instigados a instigar la inseguridad haciendo manar sangre, lágrimas y sed de venganza de las pantallas. Ser oficialista del gobierno votado democráticamente me suena mejor que ser oficialista de aquellos a quienes no votó nadie pero pagan mucho más a sus adictos. Ya que si un gobierno puede pagar es un pago episódico, de coyuntura, porque alguna vez deja su lugar y los pagos cesan. Pero ser oficialista de grupos económicos es poder cobrar eternamente y eso se ve en tantos periodistas que no pierden su lugar porque los patrones siguen pagando no importa cuál sea el gobierno. Mi única duda acerca de si podré continuar siendo oficialista me es ajena: es la de no poder prever si los enemigos actuales del gobierno lo seguirán siendo, porque mientras sean esos los enemigos más me oficializo. Mi caso es el de un perro entrenado por sus dueños para cuidarlo de los enemigos que los dueños le señalan, y que un día se da cuenta que también tiene que desconfiar de aquellos que lo han adiestrado por generaciones. Perros como yo hay muchos en los medios hegemónicos, pero siguen cumpliendo el mandato de sus dueños.

Algunos sufren pero lamen y lamen y para consolarse creen que ladran al enemigo."