“Los mismos que echaron a Bielsa, hoy lo quieren sacar a Diego”



VÍCTOR HUGO MORALES


Charla a fondo con el´periodista. Por qué banca a Maradona, su decepción con Macri y la crítica al periodismo deportivo. A contramano de muchos periodistas, defiende al técnico de la selección. A contramano de muchos de sus seguidores, defendió al Gobierno en el debate por la Ley de Medios. Víctor Hugo Morales habla de la vergüenza que siente ante lo que dicen algunos colegas y del comportamiento del Grupo Clarín.

Por Jorge Cicuttin y Carlos Stroker

Es uruguayo. No hay dudas. Y si las hay, el mate y el termo a un costado de la mesa mientras se desarrolla la entrevista, las echa por tierra. Víctor Hugo Morales cuenta que con esa tranquilidad oriental –de la Banda Oriental– recibió ese miércoles a la noche las declaraciones de Diego Maradona.


“Estaba fuera del Centenario, cenando con unos amigos, cuando por teléfono me cuentan lo que dijo Maradona. Lo primero que pensé fue: Diego se pasó de mambo”, recuerda. Pero lo que lo molestó fue lo que siguió al ya famoso “me la siguen mamando”.

Retoma Víctor Hugo: “Cuando pasó el tiempo y vi la reacción de la prensa no deportiva, eso me pareció una sobreactuación casi vergonzosa. Los periodistas deportivos no se iban a asombrar, instalados como están, buena parte de ellos, en la guaranguería. Pero encontré medios poderosos de comunicación que le estaban pasando factura a Diego y a las posiciones de Diego, que nunca son tibias y no dejan de llamar la atención, tanto como cuando el fútbol pasó a Canal 7, como su apoyo a la Ley de Medios. Algunos siempre han tenido en Diego al referente de lo que no le gusta de la sociedad. Ven en lo popular un desequilibrio grande. Fueron severos y exagerados con él”.

Es una voz rara la de Víctor Hugo entre las de los periodistas deportivos. Sus posiciones, a veces, van contra la corriente. Criticó al mandamás de la AFA, Julio Grondona, cuando los demás lo adulaban. Y sabe dividir las aguas en el tema Maradona cuando las otras voces son impiadosas.
“Como en todas las reacciones, muchas veces se pasa. Pero Diego fue atacado de una manera vergonzosa. Una cosa es la crítica sobre el equipo, que no está bien parado, pero de ahí a decir que no sabe nada, que no tiene dominio del grupo o que quiere dormir hasta después de las dos de la tarde o que los jugadores no lo respetan, que está dibujado, esas son agresiones muy duras. Hasta los intelectuales lo castigaron. ¿A ustedes les parece que un periodista deportivo puede decir que Diego no sabe nada de fútbol? Imposible. A mí me hubiese gustado hablarle al oído después del partido y decirle que se permitiera cinco minutos de felicidad. Disfrutá y no les des bolilla a los tipos que no valen.”

–¿Hay sectores del periodismo deportivo que quieren echar a Maradona de la selección?

–No sé cuál es el interés, pero no quieren que Diego siga y eso me parece muy notorio. En general no soporto ni un programa deportivo, pero sé que hay mucho guarango y mucho amarillismo. La peor raza es la de los ingratos y es probable que los ingratos lo hayan golpeado durísimo.

–¿Periodistas que fueron amigos de él?

–Obvio. Le empezó a fallar mucha gente. Yo, con otras palabras, hubiese hecho lo mismo que Diego. Él no entiende lo que pasó y seguro que se pregunta: si yo a todos estos los hice felices... Pero es así. Una parte del medio no es agradecido con él.

–Rafael Bielsa acaba de declarar que a su hermano, Marcelo, lo terminaron echando de la selección argentina los “empresarios del periodismo deportivo”, los “indeseables que compran y venden jugadores”...

–Es así. Ese periodismo deportivo es el mismo que echó a Marcelo Bielsa. Lo echaron del país por su amarillismo, por su concepto ordinario de las cosas. Los que van a las conferencias, muchas veces no les interesa hablar de fútbol. Generan polémica o llaman la atención.

–¿Quién cree que armó todo este circuito para sacar a Maradona de la selección?

–No lo sé.

–Se llegó a hablar de Carlos Bilardo.

–No, imposible. Puede haber tenido discusiones, como tuvieron siempre, se pelearon en la selección, en el Sevilla. Creo que tienen el código del amor básico. Pero Bilardo, estoy seguro, es incapaz de hacerle una jugada así.

–¿Y quién o quiénes son?

–Los que pregonan la cultura del amarillismo. El hecho de que Diego vendía adulándolo y vende agrediéndolo. No podría hablar de planes. Diego se calienta con un periodismo que es de cuarta, Diego se calienta, posiblemente, con grupos que sabe que son muy fuertes y que le están pasando factura. Diego se calienta con la ingratitud de mucha gente. Él dice que le agradece al pueblo y el pueblo es muy veleta. Se enoja con el sector del público y de periodistas que le son ingratos. Él dice: “Pará, algo hice, no soy culpable de todo”. Él no es culpable de que la defensa no tenga ya a Zanetti, Ayala y Samuel en su mejor momento. Que Mascherano haya jugado cuatro partidos seguidos muy mal. Que Messi no ligue. Hasta qué punto es culpable Diego de que jugadores como Tevez y Agüero estuvieran en un flojo nivel. Hubo partidos en que la selección jugó lindo y bien, aunque no ligó en los resultados.

–Bueno, también citó a muchos jugadores, hizo mil cambios...

–No deja de tener responsabilidad. Pero no puede pasar todo por Diego. Y de buenas a primeras Diego se siente agredido. Un tipo de pelea, como es él, va contra ese periodismo, contra esas empresas, contra gente desagradecida, gana un partido, se clasifica y se manda esto. Eran dos los caminos que tenía, o desquitarse con esta calentura o decir voy a ser cinco minutos feliz, voy a la piscina y hago la plancha y lo disfruto con mis amigos y les hago un corte de manga a los que en estos momentos no están gozando. Y no lo supo hacer porque es un tipo de pelea. Es Fiorito, él fue al frente en muchas cosas en su vida, está condenado a eso. Él no es Pelé, que se acomoda a las circunstancias sociales en las que se tiene que desenvolver, un tipo que cambió de clase. Diego sigue siendo un tipo del lugar donde era, mejor empilchado, con mejor auto, pero va a ser toda la vida eso. Me parece fantástico.

–Usted habló de grupos empresarios que le cobran cosas a Diego, se refiere a Clarín, el diario que ahora descubrió, después de veinte años, que Julio Grondona hace negocios poco claros...

–¿Ah sí? Yo no leo Clarín ni Olé. Hace años que no los toco. De vez en cuando veo algún título. Si ahora hacen eso con Grondona, no tienen vergüenza. Nunca la tuvieron. Si no la tenían cuando lo defendían y protegían, por qué habrían de tenerla ahora. El grupo hizo a través de Grondona el más fabuloso y estafador negocio que yo haya visto de cerca. Y uno se daba cuenta desde el primer momento, a partir de la no licitación, a partir de que nadie sabía cuántos abonados había al cable y era un secreto guardado bajo cuatro llaves, a partir del momento que los dirigentes no tenían la menor idea del contrato. Me embroncaba la estafa y que para poder hacerla necesitaban de Grondona y por eso le daban protección. También había protección para otros dirigentes que han hecho cualquier robo dentro de sus clubes y que se van a ir dejándolos muy mal. Uno de los códigos mafiosos era el de: te doy protección o te doy palos. Son obvios, el pecado aquí no es la inmoralidad en la que siempre vivieron estos tipos del Grupo Clarín, aquí lo malo es la obviedad. Es como con la Ley de Medios cuando empezaron con esas publicidades y lanzaron a todos sus periodistas como perros envenenados a pelear por los derechos de Clarín y lanzaron todo tipo de fantasmas y hablaban de la Ley de Medios como que era lo último que iba a ocurrir en el país. Pero lo que a mí me irritaba cuando veía TN no era la parte perversa, era la obviedad, porque la obviedad es un pecado más grave. A Grondona no tendrían que atacarlo nunca más. Que son inmorales ya lo sabemos; ahora, además, son obvios.

–¿Los multimedios tienen actitudes mafiosas?

–No todos, por supuesto. Pero los multimedios no son buenos, no favorecen nuestra actividad. Yo trabajo en una empresa que tiene diez radios, fenómeno, en el momento que está un operador sentado operando mi programa hay nueve tipos que no tienen laburo en las otras radios. A mí no me gustaron nunca. Hay dos o tres que son mafiosos, pero no todos lo son. El problema es cuando los multimedios con su poder empiezan a ir sobre otros intereses: el fútbol, los servicios públicos que prestan otros grupos. Es entonces cuando a través de su periodismo tan poderoso defienden otros tipos de intereses, someten a los políticos, los tienen asustados.

–Algo de esto pasó con la discusión por la Ley de Medios...

–Miren, yo no tengo una mala relación con Mauricio Macri. Es alguien con quien puedo tomar un café. Pero me puse muy furioso cuando lo vi hablar contra la Ley de Medios. Porque él me dijo en la cara que no podía ir en la AFA contra Grondona por el poder del Grupo Clarín. “Víctor Hugo, qué quiere que haga, detrás de Grondona está Clarín”, me dijo, textual. Y ahora tiene la gran oportunidad de su vida, y está en contra. Pero creo que Macri juega a dos bandas, porque ni él ni ninguno de los políticos puede estar feliz de que esta ley no salga. A todos les va a servir. Aunque sea para negociar con un Clarín menos fuerte. Y los periodistas vamos a tener mejores oportunidades, al dividirse Canal 13 y TN, en uno de los dos, quién sabe, yo pueda tener trabajo. Así como están yo no tengo trabajo ni en TN, ni en Clarín, ni en el 13, ni en Magazine, ni en Metro... No puedo creer que haya periodistas en contra de la Ley de Medios.

–Pueden estar apretados por las empresas...

–Hay tipos que tienen nombre, trayectoria... Además, vivimos una sola vez, dejate de jorobar, y cuánto más podemos comer por día, cuánto más podés tener, a mí no me van a cambiar la ecuación, ya sabés quién sos, no puede ser que tengas que convertirte en un alcahuete de tu empresa. Si hubiese estado a favor de la ley estando en un multimedios, me abstenía de hablar. Salvo alguien como Magdalena Ruiz Guiñazú, que está por encima del bien y del mal.

–Las diferencias con Magdalena son notorias con sólo escuchar los dos programas. ¿Los oyentes no le critican su posición favorable a un proyecto de este gobierno?

–Basta escuchar el programa para darse cuenta de que no soy oficialista. Pero les digo algo: me estoy planteando no cargar las tintas contra el Gobierno para no darles tampoco la posibilidad de que digan: está haciéndolo para que nadie piense que es oficialista. Yo no lo soy, yo tengo para este gobierno setenta tipos de facturas que pasarle. Pero no voy a ir en contra de lo que creo. También apoyé el proyecto para acabar con la jubilación privada, pero eso pasó casi inadvertido, ¿por qué? Porque con la Ley de Medios los grupos periodísticos salieron a defender sus intereses.

–Vuelvo a la anterior pregunta: ¿no tiene oyentes que lo cuestionan?

–Muchísimos, pero eso me importa mínimamente. Todas las radios tenemos sectores de oyentes de los cuales quisiéramos despojarnos, por lo menos yo. A mí no me gusta el oyente que es partidario de la pena de muerte, que no te permite plantear con naturalidad el tema de la despenalización del aborto, no me interesa el oyente que cuando matan a alguien sale a pedir que los menores de doce años tienen que ir presos a Siberia. Entonces, si a esa gente que en algún momento le caía bien porque criticaba al Gobierno por el tema del campo o como estoy contra el Gobierno en los casos de corrupción, ahora me ve mal porque siendo el mismo tipo y sin ninguna fuerza exterior en pugna estoy a favor de una medida, esa gente no me importa. Los oyentes que yo perdí por la Ley de Medios, estoy contento de haberlos perdido. A mí no me importa ese riesgo.

–¿Le había ocurrido antes algo parecido?

–Cuando Menem empezó en 1991 yo tenía este mismo programa. Era tan bueno o tan malo como ahora, pero era mi programa. Cuando vimos el tema de las privatizaciones, despidos, desregulaciones, todo esto, estuve en contra. Pero esta radio era asquerosamente menemista, este medio era una de las banderas del menemismo. Una vez, en una reunión, me dijeron los directores: “Víctor Hugo, esto no camina, la cuestión de los avisos, no entendés lo que está pasando, la gente está muy enojada. ¿No te enojás si seguimos sólo con el fútbol y dejás el programa de la mañana?”. Yo les dije que no había problemas y estuve 18 años con ganas de tener un programa a la mañana. Lo que digo es que si se complica la cosa, me refugio en el fútbol, me voy a mi casa. A mí no me van a poder con eso de que la gente va a dejar de escucharme porque tomo algún tipo de posición. ¿Saben qué? No me interesa un oyente que es intolerante.


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