“Se va a demostrar que a Jorge y sus compañeros no les quitaron la dignidad”

IDA LUZ SUAREZ, PAREJA DE JORGE SARAVIA ACUÑA
En esta entrevista, la pareja del cuadro de Montoneros que desapareció junto a Cacho Ayala recuerda cómo fue la vida de un joven de San Isidro que dejó el anti peronismo de su familia para volcarse a la militancia armada. “Aspiro a que los asesinos terminen su días en la cárcel”, dijo.



Ida Suárez muestra una foto de su compañero, sentada en la esquina donde desapareció.
JUAN MANUEL LAPROVITTA
DE LA REDACCION


Aunque su aspiración es que Diego Ulibarrie fije domicilio definitvo en la cárcel, el objetivo de máxima que sostiene hace 33 años Ida Luz Suárez, es saber dónde están los restos de su pareja, Jorge Saravia Acuña, su compañero de militancia y de la vida que terminó secuestrado y con un final incierto que comenzó a escribirse en Corrientes, ciudad que nunca antes había conocido sino hasta febrero de 1976 cuando el comisario que hoy es juzgado lo llevó a culatazos a la Jefatura de Policía junto a otros 3 peronistas. “Pero si así no fuera, no importa, a mi lo que sí me importa es demostrar que a ellos, a Jorge y a sus compañeros, no les pudieron quitar la dignidad ni matarlos como perros, los perros fueron los otros”, avisa la mujer, en una idea forjada con la indeleble marca que le dejó la búsqueda incansable.
Ida Suárez llegó a Corrientes el 11 de agosto para hablar ante los 3 jueces que juzgan a Ulibarrie sobre los pormenores que rodearon la vida de su novio, que nunca dejó de recordar, ni siquiera al reconstruir su vida tras el exilio y la pérdida de toda su generación. “Por sobre todas las cosas para mi sería muy importante encontrar los restos de Jorge, saber donde están y tener un lugar donde llevarle una flor”, dice, pero advierte que “si así no fuera, no importa, a mi lo que sí me importa es demostrar que a ellos, a Jorge y a sus compañeros, no les pudieron quitar la dignidad ni matarlos como perros, los perros fueron los otros. Ellos murieron como seres humanos dignos. Aspiro a que los asesinos terminen su días en la cárcel.”

Aunque desapareció en Corrientes, ¿Jorge Saravia Acuña alguna vez tuvo una vinculación con esta provincia?
Jamás tuvo una vinculación ni siquiera circunstancial con Corrientes. La única línea tangente fue en julio de 1974 cuando me vengo por 15 días de vacaciones a Corrientes y a Misiones y él no pudo acompañarme, por cuestiones de trabajo y militancia.

¿Tuvo otros compañeros de militancia que también hayan sido desaparecidos?
A los 30 años me pasó lo que a la gente le pasa a los 70 o los 80: perdí a la mayoría de la gente que quería; perdí la mayoría de mis compañeros y amigos, que era la gente que yo más quería. Es una sensación muy difícil de trasmitir, es lo que le pasa a los viejos cuando empiezan a sentir que se le van todos y se van quedando solos. Perdí amigos entrañables.

¿En su familia había militantes como usted, de la política o alguna otra causa?
Cundo yo tenía 10 meses y 5 días mi papá y mi mamá cruzaron caminando los puentes que llevaban a Capital Federal y llegaron caminando a la Plaza de Mayo y los dos se lavaron las patas en la fuente. Mi padre participó del intento de golpe del General Valle, se salvó de los fusilamientos porque no lo agarraron a tiempo y siempre fue un peronista consecuente. En mi casa nunca nos inculcaron la indiferencia, sino la participación.

¿Algo muy distinto a lo que uno se puede imaginar de la familia Saravia Acuña?
Había una brecha no sólo económica sino social muy grande entre la familia y los antecedentes familiares de Jorge y los míos. Jorge decía que él tenía el orgullo de ser el primer peronista de una familia gorila.

Saravia Acuña tenía familiares militares, jueces y abogados en actividad durante 1976 ¿Eso pesaba o ejercía incidencia para que abandone su militancia?
No. Significó un tema de conflicto familiar sí, pero no de ruptura. La madre de él, cuando cae preso por primera vez en noviembre de 1974 junto a un grupo de compañeros en un bar de Lomas de Zamora, me comenta algo que a me produjo una especie de ternura escucharla: ‘Yo hubiera entendido que Jorge fuera del ERP pero peronista me resulta muy difícil, pero Jorge es un tipo brillante y lo que él decida está bien‘. Se notaba mucho su nivel intelectual. Se recibió muy rápido en la facultad y era un trabajador incansable, escribía, era muy crítico de sí mismo y también de los demás, muy exigente.

¿Qué pensaba de Perón?
Que era un líder, y para él, el personaje de Evita era alguien que lo emocionaba y que al mismo tiempo lo intrigaba mucho. Me preguntaba mucho qué decían en mi casa sobre Evita y yo le decía, por ejemplo, que me crié con una foto de Eva pegada en la cocina, que uno de los recuerdos más fuertes que tengo de mi infancia es cuando estaba haciendo los deberes y por la radio apareció una voz que dijo que a las 20,25 la señora Eva Perón había pasado a la inmortalidad y mi madre se largó a llorar desconsoladamente. Es un recuerdo muy sobrecogedor, por que desató una tremenda tristeza. Y él me preguntaba mucho sobre Evita, qué opinaba mi familia, qué sentíamos nosotros, qué se palpaba en el barrio cuando era chica ya que le habían quedado muy grabadas las cuestiones como ‘la yegüa esa‘ o ‘viva el cáncer‘, que repetían las familias anti peronistas.

¿Y qué decía de tener que virar de una militancia política a la necesidad de tomar las armas?
El venía de la guerrilla. Su militancia empezó alrededor del año 72, durante la dictadura de Padro Agustín Lanusse, cuando uno tenía muy claro que en algún momento debía tomar las armas. Pero en el año 73 era uno de los más claros exponentes de que había que trabajar con las bases, en las fábricas, en las escuelas, en los inquilinatos, con las mujeres, con los hombres, que había que hacer trabajo político y se vuelca a la formación de organizaciones sindicales, es decir, no llegó a ver la última represión que hubo en el año 75, porque después de ser detenido en 1974 y lo sacan, fue expulsado a Lima (Perú) y después a México, desde donde fue a Madrid y regresó en diciembre de 1975, cuando se encuentra con esa realidad tremenda porque nos cerraron locales, nos mataron la gente, los delegados de base.

¿A esa altura se imaginaban que habría un golpe de Estado y debían generarse los movimientos que estaban previsto al momento de la desaparición de Jorge Saravia?
Sí, en función de eso vino a instalar una imprenta a Corrientes y una gomería en Posadas, sobre todo para que los compañeros tuvieran trabajo visible y que les permitiera sustentarse y mantenerse, pero además un trabajo que si los paraban en la calle, pudieran decir ‘nosotros tenemos esta gomería‘o ‘tenemos esta imprenta‘; hasta habían hablado de instalar una distribuidora de calzado en esta zona. No sé en qué quedó ese proyecto.

¿Desde adentro de la militancia algún correntino le pudo ofrecer algún dato sobre su pareja a lo largo de estos 33 años?
No. Sí pude hablar con Fernando Vacca Narvaja, que fue el responsable en esta zona hasta diciembre de 1975 y que me dijo ‘yo no sé que pasó ahí a partir del 1 de enero de 1976‘.

¿Cómo fué recomponer una vida que estaba proyectada para compartirla junto a Jorge Saravia?
Fue muy difícil, muy difícil y a veces es difícil todavía. Pero depende de las personas, con quién te encuentres. La persona con la que yo formé una pareja y una familia, con la cual me casé en el año 86, un militante del Partido Socialista de Chile, no es una persona indiferente y además es alguien que cuando por primera vez visitó mi casa en Amsterdam lo primero que vió en el living fue una foto de Jorge, osea, me conoció a mí y a él al mismo tiempo. Fue todo muy difícil y muy complicado.