“El que se va es un gorila”


LUIS D'ELÍA

“El mote de piquetero nos lo puso la prensa del sistema, la misma que llama asambleístas a los de Gualeguaychú”, aclara.

Con su estilo polémico y directo, habla del momento político, del gobierno y de la oposición, de los grandes medios y asegura que lo que está en juego es el modelo


Al maestro –y profesor, y piquetero, y dirigente, y villero, y negro, y cristiano, y funcionario, y unos pares de etcéteras más– Luis D'Elía lo pintó Carpani. Cabezón, panzón, bocón, con las ojeras tan ajadas como los bolsillos de sus jeans, y siempre con esa impronta de puño cerrado y un inevitable halo de masas populares que lo acompañan. Aunque ande solo.

De su infancia de monaguillo a sus más de 50, ya líder de la FTV y de la flamante Central de Movimientos Populares (CMP), la historia política de D’Elía es bastante más rica e interesante que la toma de una comisaría, el corte de una alambrada y una trompada sin ganas a un provocador, que resultó ser artista exclusivo de cierto régimen cuya adoración comparte con Cecilia Pando, también presente la noche de la piña justiciera.

En esos días, la televisión opositora intentó confeccionar con D’Elía la imagen de un doble icono, de lo otro y del kirchnerismo a la vez. Sintetizando, el kirchnerismo como lo otro. En eso estaban cuando en uno de sus programas, este personaje de Carpani tomó vida, ubicó la mayoría de los puntos sobre las íes, se reveló más ilustrado de lo que los popes informativos esperaban y puso el acento en el aspecto político mismo de ser considerado otro. Recién después se reivindicó como tal.

De todos sus razgos, exagerados y no, el de la reivindicación es quizás el más valioso.

Es que toda su trayectoria, de formación y de acción, intelectual y política, mantiene ese hilo conductor. De los democristianos a los Curas del Tercer Mundo y la Teología de la Liberación, la consonancia con los Sin Tierra, las Comunidades Eclesiales de Base, luego los Piqueteros, y el kirchnerismo, por qué no.

Lo cierto es que con D’Elía se puede hablar de todo, conoce a intelectuales desde Ivo Lorscheiter, don Pedro Casaldáliga, Helder Cámara, el Padre Gutiérrez (Gustavo Gutiérrez Merino), los hermanos Boff. Hernández Arregui, Jauretche, Ugarte. Vivió en casa de Pérez Esquivel y para en su casa una de las mayores intelectuales antiglobalización, Naomi Klein.

Es entonces una picardía mantenerle el disfraz de matón que le supieron inventar y no escuchar lo que un personaje de Carpani tiene para decir.

–¿Cuál es el mapa histórico de pensamiento con que se identifica D’Elía?

–(Responde rápido) Belgrano, Moreno, Castelli, San Martín, Dorrego… Alberdi, Echeverría (ríe)… los radicales del parque, yo los reivindico, Yrigoyen, Perón, Evita, Kirchner, Cristina… me parece que esa es la línea histórica… a Rosas me lo comí.

–¿En ese orden, Belgrano primero?

–No, San Martín, el jefe de los federales. Y Belgrano, un ejemplo. Un tipo que vio claras una serie de cosas. La campaña del norte está llena de heroísmo. Los éxodos jujeños, que yo había cometido la tontería de pensar que era uno y fueron 60. Yo pensaba, éstos tipos eran capaces de quemar todo lo suyo en favor de la Patria, para que la patria viva y hoy es al revés, tenemos los tipos que queman la Patria para salvar lo propio.

–¿Qué reivindica de Rosas?

–Bueno, un tipo que en 19 años de gobierno tuvo once invasiones extranjeras, es un tipo que supo manejar con puño de hierro la unidad nacional contra los enemigos de adentro y de afuera. Y un tipo que tuvo un criterio federal. Y que participó de una discusión similar a la que tenemos ahora. Urquiza es una especie de De Angelis de aquella época, que quería a la aduana en Entre Ríos. Por cuestiones de fortuna personal y por cuestiones políticas mezquinas. Hoy la discusión vuelve a ser la misma. Cuando De Angeli dice que si Gualeguaychú produce ganancias por 100 millones de dólares, los 100 millones tienen que volver a Gualeguaychú, lo que está planteando es el país unitario, secesionista, es la negación del país federal. Y es llamativo cómo terminó Urquiza, muerto a manos del caudillo paranaense López Jordán. El palacio San José, durante leguas, tenía un mangrullo a cada kilómetro, y ningún soldado federal lo vio pasar a López Jordán cuando iba a matar a Urquiza; conclusión: el pueblo se cobra caro la traición.

–¿Por qué el rechazo al nombre de piquetero?

–El mote de piquetero nos lo puso la prensa del sistema, la misma que llama asambleístas a los de Gualeguaychú. Como si le llamaran a un dirigente sindical, dirigente huelguero. Es un reduccionismo. Es querer presentar en el imaginario colectivo a los movimientos sociales sólo ligados a la protesta. Por ejemplo, quién sabe que mi organización le enseñó a leer y escribir a 20 mil argentinos. Nadie. O que construimos 4 mil viviendas. O que hicimos trescientos kilómetros de vereda. O que le dimos agua a trescientas mil personas en el conurbano. Eso no lo sabe nadie. Son las notas que Magdalena Ruiz Guiñazú nunca va a hacer. Ni Víctor Hugo Morales.

–¿Porqué le parece que en el mundo, los movimientos sociales argentinos son apreciados y
estudiados y aquí, despreciados?

–Porque a este país todavía no llegó la discusión sobre los ‘90, todavía estamos discutiendo los ‘70. Espero que alguna vez podamos discutir los ‘90 y de qué vereda estuvimos cada uno.

–¿Por qué apuesta por este gobierno?

–Bueno, yo creo que los Kirchner han hecho cosas de un gran coraje político, e inclusive, muy superior a lo que le daba su correlación de fuerzas. No hay que olvidarse de que Kirchner no pudo ir al ballotage, los primeros dos años los vivió con el 22 % de los votos, y el consenso lo fue construyendo haciéndose cargo del desastre en que los neoliberales habían dejado a la patria. Y creo que hizo cosas extraordinarias. Algunas me llenaron de emoción. Para mí fue un orgullo haber rechazado el Alca en Mar del Plata. O que él haya sido el vocero, cara a cara con Bush, en la Cumbre. Porque, Chávez habló en el estadio, estaba con nosotros, y está muy bien, pero otra cosa es el debate cara a cara, hacerse cargo de decirle que no a míster Bush. O, por ejemplo, el tema Esma, o las medidas que se fueron tomando con las multilaterales de crédito, con una gran dignidad y coraje, y después los resultados concretos: 3,5 millones de puestos de trabajo, 1,5 millones de nuevos jubilados, el haber arrancado a los banqueros las Afjp, o ahora que estén mandando la Ley de Radiodifusión a la Cámara… realmente es de una gran valentía, hay tres o cuatro cosas que son revolucionarias.

–Parece una exageración, cuando se ve a ciertos personajes…

–Sí, pero el que conduce la máquina es Kirchner. Si el que conduce la máquina va en la dirección correcta… Y yo creo que lo que enardece al establishment es que ellos quisieron cambiar el rumbo de la vía varias veces y no pueden. Por otro lado, Kirchner no puede regalarle el aparato del pejota a Macri o a Duhalde. Tiene que conducirlo él. Ahora es un aparato sin alma, lleno de contradicciones, de impurezas, que hoy tiene la magnífica oportunidad de dejar de ser un aparato conservador y decadente, y volver al peronismo, la esencia de las banderas nacionales y populares.

–¿Este fue el argumento frente a las agrupaciones que abandonaron el kirchnerismo?

–El que se va, se va desde una perspectiva gorila. Porque no entender que Kirchner tiene que conducir el partido es hasta casi una tontería política.

–¿Qué evaluación hace de su pelea con Clarín?

–Bueno, a partir de ahí fui brutalmente censurado en todo el grupo. Y por algunos amanuenses. Ahora, el grupo habla de mí, dice cosas de mí, hasta montaron una publicidad en TN conmigo. La disyuntiva de hierro es Kirchner o Clarín.

–¿Tan así?

–Bueno, Magnetto dice, a quien lo quiera escuchar, que él es el presidente en la sombras de la Argentina, desde el '83 a la fecha.

–¿Por qué cree que le achacan todo el tiempo aquella toma de la comisaría de La Boca y nadie se propuso mencionar la real trama del asesinato que la originó?

–Es así. Fijate que nosotros habíamos denunciado que lo iban a matar al oso. Yo hablé con (el ex ministro Gustavo) Béliz, había ido a hablar con Parrilli, se abrió un sumario interno de la Policía Federal cuya investigación terminó 15 días antes de que lo asesinaran a Martín. Imaginate cómo nos sentiríamos el día que al hombre lo mataron, finalmente. Un sicario de la cana lo había matado de siete balazos, que después fue condenado a 18 años de prisión. Por ese hecho a mi me demonizaron. Pero fijate, De Angeli puede tomar bancos, la casta de él, la casta blanca y gringa del núcleo sojero, puede tomar bancos, puede parar camioneros a punta de escopeta que no hay ningún problema. En cambio, nosotros los gauchos brutos no podemos ir a reclamar por un compañero asesinado.

–Cómo hubiesen reaccionado los del discurso de la pena de muerte...

–Claro, “al comisario Greco habría que fusilarlo”, por ejemplo. (Cayetano Greco era el comisario de la 24º cuando mataron al oso, Martín Cisneros).

–Volvió el discurso de la mano dura.

–La inseguridad y la droga tiene que ver con que un millón y medio de pibes se quedaron en la esquina, sin trabajo y sin estudios. Esos tarados que quieren cárceles o represión, saben que un ser humano entra a una cárcel y sale peor de lo que entró. Eso no le sirve a la sociedad. Y, además, las sociedades más seguras del mundo, las del norte de Europa, Canadá… son seguras porque son justas. En nuestra sociedad, cuando era justa, cuando éramos felices, no pasaba esto.

–¿Qué le parece esta Corte Suprema?

–Yo creo que, hoy, cuando hay debate con (Carmen) Argibay, por ejemplo, algunos se olvidan que esta Corte es otro de los grandes logros del kirchnerismo. Una Corte con un alto grado de calificación técnica y de conocimiento profesional y político. Y absolutamente proba e independiente. Eso es un logro del kirchnerismo.

–Durante un tiempo se la acusó de adicta…

–No parece, a la luz de los debates públicos. Creo que es una Corte que si se lo propusiera podría trascender los tiempo, inclusive los del kirchnerismo. Absolutamente idónea, proba e independiente

–¿Confía en Obama?

–Yo no puedo ser gorila mundial, el mundo está muy expectante. Él prometió sacar el ejército de Irak, negociar con Irán, negociar con Chávez, levantarle el bloqueo a Cuba, terminar con Guantánamo… por eso se está formando esta esperanza, esperemos que lo cumplan. De todos modos no sé qué fortaleza puede tener un presidente al que las bolsas de EE.UU. le bajan 25 puntos en los primeros días del gobierno. El otro día estuve en una reunión en Bolivia, con dirigentes de todo el continente, y la duda de muchos es: si no se estará preparando el consenso de Washington II, que el salvataje de los bancos de ellos lo terminemos pagando en el tercer mundo. Y hay otra cosa que me llamó mucho la atención. El otro día leí una nota de Naomi Klein que me pareció muy inteligente. Ella dijo que el mundo se parece a la Argentina del 2001. Entonces el mundo tendría que preguntarle a los argentinos, como le está preguntando, cómo mierda salimos de la crisis. Acá le podemos contar.

Por Diego Long
dlong@miradasalsur.com