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En su primera alusión al papel internacional de su administración desde que fue elegido presidente, Obama definió una combinación de pragmatismo para aceptar los límites que Estados Unidos encuentra hoy para imponer su criterio y de idealismo para propagar, preferentemente de forma pacífica, los valores norteamericanos hasta donde se pueda.

“En este mundo incierto”, manifestó Obama en una conferencia de prensa en Chicago, “ha llegado la hora de un nuevo comienzo, de un nuevo amanecer del liderazgo americano para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Fortaleceremos nuestra capacidad para derrotar a nuestros enemigos y apoyar a nuestros amigos. Renovaremos las viejas alianzas y forjaremos nuevas y duraderas sociedades. Demostraremos al mundo que Estados Unidos es implacable en la defensa de su pueblo, firme en la promoción de sus intereses y comprometido con los ideales que iluminan como un faro al mundo, la democracia y la justicia, porque los valores norteamericanos son el mejor producto de exportación de este país”.