"SANTUARIO"

El “endiosamiento” de Cobos por parte de los grandes medios hace pensar en un Dios que no se cansa de desairar a Carrió.

Por Sandra Russo
Tengo que hablar con mi diariero, porque este sábado, sin que nadie se lo pidiera, tiró abajo de mi puerta La Nación y me amargó la mañana. De no haber sido por eso, me hubiese ahorrado leer, en la página 18, un título increíble: “La gente transformó la casa de Cobos en un virtual santuario”. La bajada decía: “Como a un ídolo, le dejan regalos, le tocan el timbre y lo acosan por teléfono”. Eso es lo que hace “la gente”. Abajo, pequeña, muy pequeña, otra nota: “Ruidosa protesta kirchnerista”, cuya bajada indicaba: “Un grupo oficialista hizo pintadas y le pidió que renunciara”. Los kirchneristas no son gente, sino parte, supongo, del zoológico al que hizo mención Llambías la semana pasada, sin que ningún analista de los diarios de mayor circulación ni de los programas periodísticos del cable considerara esa expresión racista, al menos, de poco feliz. Cobos tampoco. Su corazón parece que no le dictó nada al respecto.
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